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Por Ariella Aïsha Azoulay

La autora de esta columna es descendiente de judíos argelinos, responde a Benjamin Stora y le recuerda el genocidio cultural de la Francia colonial en Argelia que tuvo como víctimas a todos los argelinos sin distinción de religión. Una columna sumamente interesante que debemos leer porque nos habla de una historia no escrita a la que B. Stora suma sus “grandes omisiones”.

Estimado Benjamin Stora:

En 2017, el presidente francés Emmanuel Macron reconoció que la colonización de Argelia fue un crimen contra la humanidad. Como muchos otros, esperaba leer su informe recientemente publicado sobre el tema, que usted redactó a petición del Presidente. Sin embargo, después de leerlo, estoy consternada por la falta de discusión sobre los Crímenes Imperiales; no comprendo estas omisiones. Aunque hay muchas, me centraré en una de ellas: la destrucción de las culturas judías en el Magreb.

Como usted, tengo un interés personal en estos asuntos. Nací en 1962, el año en que terminó la guerra (de independencia), cuando mi familia, la suya y la de otros 140.000 judíos se vieron obligadas a abandonar Argelia, consecuencia directa de su larga colonización. Como señaló usted en su libro de 2006 Los tres exilios de los judíos de Argelia, otros dos exilios precedieron a este. El primero ocurrió en 1870, cuando el decreto Crémieux separó a los judíos del resto de la población argelina y los transformó en ciudadanos franceses en su propia tierra; el segundo en 1940, cuando el gobierno de Vichy revocó este decreto y la ciudadanía francesa que lo acompañaba. Su libro me resultó muy útil, hace más de diez años, cuando empecé a cuestionar la identidad fabricada que me había sido atribuida al nacer: “la israelí”.

Cuanto más estudiaba las estructuras creadas para disociarme de mis antepasados ​​judíos argelinos, menos me reconocía en esta identidad asignada. La rechacé dos veces: primero como una forma de pertenencia, luego como un modelo imperial de la historia: un esfuerzo por marcar un nuevo comienzo (en 1948), una ruptura entre lo que se ha hecho, “el pasado” y lo que se permitió que fuera el futuro. La creación del Estado de Israel proclamó afiliaciones y formaciones anteriores sea inexistentes (Palestina), sea inapropiadas (judíos argelinos, judíos iraquíes, etc.). Desvalorizó la singularidad de varios grupos de judíos, los remodeló y se les incluyó en un grupo indiferenciado.

Este movimiento efectivamente prosiguió el proyecto napoleónico que consistía en regular la vida judía, haciendo del “pueblo judío” un sujeto histórico- nacional que solo se puede realizar plenamente al crear un Estado soberano propio.

Cuando comencé a recopilar historias y recuerdos de lo que éramos, los judíos argelinos, hasta no hace mucho, noté un parecido sorprendente entre la identidad colonial que me fue atribuida y la que se atribuyó a mis antepasados argelinos en 1870. Mi padre dejó Argelia para ir a Israel en 1949, y el resto de mi familia tuvo que irse en 1962 a Francia, dejando atrás más de dos milenios de vida árabe judía en el Magreb. Podemos decir que somos de origen argelino, pero el colonialismo destruyó el mundo común en el que se materializaba esta identidad.

Cuando a mis antepasados se les hizo ciudadanos franceses, no dejaron de ser colonizados; “concederles” la ciudadanía colonial como colonos era otra forma de colonización francesa, no su final. De hecho, fue el principio de un proceso de desarraigo. Los judíos fueron separados del pueblo entre el que vivían y con quien compartían lenguas, cosmologías, creencias,  vivencias, tradiciones, paisajes, historias y recuerdos. Algunos judíos argelinos aceptaron la ciudadanía francesa, pero en 1865 la mayoría se negó a solicitarla. Los tres exilios que describe en su libro son ejemplos del alto precio que pagaron los judíos por la ciudadanía de sus colonizadores, una decisión que también afectó a sus descendientes.

El hecho de que algunos hayan decidido aceptar esta decisión, y que luego encontraran la manera de sacar provecho de su ciudadanía, no quita nada al carácter colonial del procedimiento que empuja a las personas a devenir diferentes de lo que son.

Estudiar el vínculo entre estas dos identidades de colonizadores, los franceses y los israelíes, me ayudó a comprender el papel que desempeñaban al servicio de los intereses de las grandes potencias coloniales europeas: a saber, disociar a los judíos de los árabes y musulmanes e incorporarlos en la construida  “tradición judeocristiana”. Por supuesto, algunos judíos se ofrecieron como voluntarios para ubicarse en el “marco más amplio de la civilización occidental”, como lo describe Susannah Heschel.

Pero este hecho sólo demuestra el papel importante que el ataque colonial contra la diversidad humana y su incitación para “asimilar” tuvieron  -y siguen teniendo- en el proyecto colonial. Cuando los judíos del Magreb y de Oriente Medio fueron asimilados por la fuerza a la figura europea del judío como ciudadano, fueron entrenados para considerar a árabes y musulmanes como personas a parte. Y a través del Estado de Israel, han acabado por verlos como sus enemigos.

Desafortunadamente, este contexto está totalmente ausente de su informe, que no menciona en ningún momento a los tres exilios de los que hablaba en su libro. Sin embargo, el primer exilio se debería comprender como el contexto en el que se pudo crear el Estado colonial de Israel -basado en la destrucción de Palestina. Y cuando tuvo lugar el tercer exilio en 1962, Israel ya había cimentado la enemistad entre judíos y árabes en una fijación de la condición judía. Para decirlo sin rodeos, el Estado de Israel funciona, entre otras cosas, como liquidador de la responsabilidad francesa por los crímenes coloniales de Francia contra los judíos en Argelia y en otros países musulmanes.

En esta transacción, la ciudadanía colonial y un estado judío colonizador son “obsequios” coloniales destinados a reembolsar a sus víctimas con moneda colonial para mantener el proyecto colonial. Con la ciudadanía francesa “concedida” y un Estado-nación judío, se supone que los judíos del imperio y sus descendientes simplemente deben seguir adelante, olvidar el mundo destruido del que todavía podrían ser parte y, en cambio, convertirse en parte del mundo imperial, ciudadanos-operadores de tecnologías que continúan perpetrando crímenes contra la humanidad.

No considero que los crímenes imperiales sean hechos pasados; siguen vigentes, y las instituciones, estructuras y leyes que las hacen posibles todavía deben ser desmanteladas y abolidas. Por lo tanto, me niego. Estos regateos no terminan con la colonización, sino que la perpetúan. Facilitan el nombramiento de ciertos judíos para perseguir a otros judíos que continúan luchando por la completa descolonización de todos aquellos que han sido y son colonizados y de las instituciones que fueron creadas para el proyecto colonial. Nuestros antepasados en el Magreb fueron víctimas directas de la violencia colonial, aun cuando poco a poco fueron aceptando el regateo que les impusieron estos tres exilios.

¿Deberíamos nosotros, sus descendientes, aceptarlos y estar sujetos a ellos? ¿No tenemos derecho a continuar la lucha contra el colonialismo francés y el colonialismo israelí y luchar para revertir el curso de los crímenes imperiales?

Creo que no solo tenemos el derecho, sino la obligación de hacerlo. No considero que los crímenes imperiales sean hechos pasados; siguen vigentes, y las instituciones, estructuras y leyes que los hicieron posibles aún deben ser desmanteladas y abolidas.

La historia no puede generar el milagro que los arquitectos imperiales esperan de ella: hacernos creer que los crímenes imperiales terminaron cuando los imperialistas han reconocido sus crímenes. Su informe cumple una función similar, intentando relegar estos eventos al pasado, incluso si perduran en el presente.

De hecho, su informe ilustra lo que propongo llamar el cuarto exilio de los judíos argelinos: su eliminación de la historia de la colonización de Argelia. En 160 páginas, su informe ofrece solo dos párrafos sobre una comunidad judía que antaño existía en Argelia. En realidad, no se trataba solo de una comunidad, sino de múltiples y diversas comunidades judías árabes bereberes.

Sólo por el crimen colonial contra la humanidad se vieron obligados a convertirse en una, como preludio de su desaparición. La liquidación de estas comunidades antiguas, por lo tanto, se presenta en su informe como un “no evento” y se califica como una señal de progreso. No se hace mención de los crímenes perpetrados contra ellas: los tres exilios, el antisemitismo europeo importado, la reeducación forzada, la separación de su cultura, el confinamiento en campos de concentración argelinos.

La eliminación de esta historia refleja los regateos coloniales que hizo de estos exilios las supuestas “ganancias” de los judíos, su entrada en el mundo ilustrado de la modernidad secular. Por tanto, usted ha proporcionado al Estado francés la “prueba” científica de que su colonización estaba dirigida exclusivamente a los musulmanes y bereberes (se supone que estos últimos excluyen a los judíos). Estas omisiones tienen graves consecuencias. Habiendo sido afectada por los proyectos coloniales franceses e israelíes de ingeniería humana, no fue hasta los cincuenta años que pude reconstruir la historia de miles de años de vida judía en el Magreb y adquirir ciertos recuerdos de mis antepasados que me fueron negados en el proceso de hacer de nosotros unos buenos ciudadanos del imperio.

Para esta eliminación de los judíos de 132 años de colonización, se debe considerar que la violencia imperial es un progreso. De lo contrario, ¿por qué borrar a este grupo de la historia del proyecto colonial francés? ¿Pero es tan fácil aprobar esta “historia” de progreso? ¿Eligieron los judíos ser el objetivo del antisemitismo de los colonos una vez que se convirtieron en franceses? ¿Quisieron salir de Argelia en 1962? ¿Decidieron ser cómplices del final de la vida  judía en Argelia? ¿Firmaron una salida colectiva del mundo de sus antepasados? ¿Cómo llegó usted a asumir el papel de enterrar este mundo?

Esta última pregunta, por qué fue usted elegido para escribir este informe, requiere una atención especial.

Más allá de sus conocimientos, creo que no soy la única que piensa que fue seleccionado en parte porque es judío y por la posición del judío en el proyecto colonial. Es difícil hablar abiertamente sobre esta posibilidad en un momento en que el significado del antisemitismo está en manos de los Estados-nación imperiales que apoyan el desastre del régimen del Estado de Israel. No obstante, tenemos que pensar en lo que esto significa.

El hecho de que el gobierno eligiera a un judío para escribir este informe no es una coincidencia, sino una trampa. En este mundo todavía imperial, se espera que los judíos actúen como ciudadanos vírgenes, para demostrar, como escribe Houria Bouteldja, su “deseo de fundirse con la blancura… de encarnar los cánones de la modernidad”. Esta posición fue creada por al menos tres acuerdos imperiales que no se deben cuestionar. El primero es el mercado de la ciudadanía: un buen ciudadano francés de origen judío no puede sino dejar su judeidad en casa, especialmente en el ejercicio de su profesión.

Ya en su libro, usted demostró este tipo de patriotismo francés al presentar a estos tres exilios de los judíos como hechos pasados, objetos de una investigación histórica. Su vida en común con los musulmanes habiéndose convertido en un pasado difunto, podían integrarse en la historia europea.

El segundo acuerdo acepta el Decreto Crémieux tal como lo concibieron sus arquitectos, como la concesión de un regalo en lugar de un uso unilateral de la fuerza, que contribuyó a la destrucción de sus diferentes formas de vida. Esta representación omite la forma en que el Decreto robó a los judíos su herencia, su mundo y sus tradiciones.

El tercero asume que Francia ya había saldado sus deudas con “el pueblo judío” como sujeto histórico en 1995, cuando la nación admitió su responsabilidad en la deportación de los judíos de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. No importa que los crímenes de Vichy contra los judíos argelinos tuvieran lugar en Argelia y que su vida en Argelia no pueda ser transportada retroactivamente a Francia. Al aceptar estos acuerdos, su informe se presenta como una historia imparcial, haciendo avanzar concienzudamente la misión del Estado. Pero este es exactamente el problema. No hay nada solemne en participar en crímenes imperiales.

El Imperio inventó el pasado y encargó a archivadores e historiadores que convirtieran sus crímenes en objetos históricos de investigación imparciales. Incluso utiliza a sus víctimas para afirmar que no se ha cometido ningún delito contra ellas. Para resistir a estas limpiezas imperiales, no debemos ser imparciales: debemos exigir en particular que sean las víctimas de estos crímenes que escriban la historia. Sólo aquellos que se niegan a olvidar, que pueden hablar desde este punto de vista, son capaces de deshacer la obra del imperio y hacer avanzar la causa de lo que yo llamo desaprendizaje del imperialismo. No se debe permitir que ningún historiador cometa omisiones tan importantes. Tampoco debería usted suponer que las víctimas de los crímenes coloniales y sus descendientes aprueban estos acuerdos cuyo sentido era y sigue siendo la liquidación de su mundo diverso.

En lugar de servir a este proyecto imperial, su informe podría haber ofrecido un repertorio sin concesiones de los crímenes franceses cometidos contra argelinos y de los crímenes coloniales contra la humanidad. Pudo haber dibujado la cartografía de los vínculos entre estos crímenes y las instituciones imperiales: policía, prisiones, capitalismo racial, archivos, museos, ciudadanía, etc. – que les permitió y sigue facilitando sus consecuencias en Francia, en particular en lo que respecta a los argelinos, víctimas a la vez de la islamofobia y del antisemitismo de Estado.

Si hubiera respondido a esta invitación, afirmando su posición de árabe-judío, víctima de la colonización francesa de Argelia, también hubiera podido pedir firmar el informe junto con un argelino musulmán francés. Esto habría brindado la oportunidad de hacer un recuento más completo de los crímenes imperiales y de sus consecuencias persistentes, y de derrocar al quinto exilio de los judíos: su alienación de los árabes y musulmanes en el nuevo mundo que tuvieron que compartir fuera de su tierra natal, en Francia.

Con estos gestos, incluso un informe oficial podría haber brindado a nuestros descendientes los recursos para continuar la labor de abolición del imperialismo. Sin ellos, su relación solo sirve para enraizarla.

Ariella Aïsha Azoulay

Texto en inglés:

https://bostonreview.net/global-justice/ariella-aisha-azoulay-benjamin-stora-letter

Texto en francés:

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IJAN, La Red Internacional Judía Antisionista se posiciona firmemente con esta movilización. La anexión, es la conquista y ocupación continua. AL IHTILAL MUSTAMEIR. Desde fines del siglo XIX el proyecto sionista llegó para judaizar la tierra, con su visión supremacista: los judíos deben ser los dueños del suelo y los que disfruten de ello, no sólo para los judíos y judías que habitan la tierra, sino para todas y todos aquellos que se encuentran en cualquier lugar del planeta. Esto es lo que marca la ley del retorno del Estado de Israel, y es la base del apartheid sobre la cual se construyó la epopeya sionista y su criatura, el Estado israelí.
Nosotras abominamos de ese supuesto privilegio, nos avergonzamos ante todo refugiado y refugiada palestinos que desean el retorno a su tierra y que siendo un derecho internacionalmente reconocido, no lo pueden ejercer.

Palestina ha sido una tierra de acogida de refugiados como los armenios y judíos, expulsados de sus tierras por las guerras o por genocidios, hospitalidad que fue transformada en invasión por el movimiento sionista. El aparato sionista fue y es un aliado, a veces menor y a veces mayor del colonialismo, los imperialismos, apoyando a los regímenes más reaccionarios: Pinochet en Chile, Uribe en Colombia, Obran en Hungría, y Modi en la India, y poco importa si estos dignatarios sean anti-judíos. El proyecto sionista fue y es un admirador incondicional de la «civilización occidental” y actúa como potenciador de la islamofobia, discriminando a aquellos y aquellas procedentes de comunidades judías de países árabes y musulmanes.

Como judíos y judías en el Estado español denunciamos las tentativas del Lobby Sionista local y sus aliados locales como la extrema derecha y los más reaccionarios en la derecha política de levantar el crimen de antisemitismo para callar las voces que se oponen al régimen israelí y sus criminales políticas suicidas. Somos judías y judíos descendientes de la Sefarad andalusí, de los combatientes del gueto de Varsovia, de Rosa Luxemburg, de los guerrilleros que desde Polonia, Francia, España, Italia, Túnez lucharon contra el nazismo y también de sus millones de víctimas

POR UNA PALESTINA LIBRE PARA TODOS SUS HABITANTES ¡VIVA EL INTERNACIONALISMO DE LOS PUEBLOS LUCHADORES POR LA IGUALDAD Y  LA JUSTICIA! ¡LIBERTAD PARA LOS PRESOS POLÍTICOS! ¡BOYCOTT A ISRAEL! ¡POR UN BDS CONTINUO Y SIN TREGUA HASTA LA VICTORIA! ¡VIVA LA LUCHA ANTISIONISTA !

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Charla organizada por Alkarama Palestina:

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La más antigua sinagoga de Barcelona, situada en el Call (judería), previa a la expulsión de los Judíos de la Península Ibérica en el siglo XIV, amanece con pintadas de cruces gamadas y con una pintada Palestina Libre.

Es una lamentable provocación. Quienes pretenden sembrar el odio y la confusión no pasarán. La sinagoga es patrimonio no solo de las distintas comunidades judías, y de todas aquellas personas judías no adscritas a ninguna de ellas, sino de toda la ciudad y de todos los Barceloneses.

Confundir intencionadamente el judaísmo, la religión y la cultura judías con la política del Estado de Israel no hace ningún favor a la causa del pueblo palestino y a su aspiración a la justicia y a la libertad. Sino que al contrario, busca descalificar una aspiración legítima para poder tacharla de antisemita y judeofoba.

Junts, Associació Catalana de Jueus i Palestins, condena firmemente cualquier manifestación de racismo y xenofobia, judeofobia o islamofobia, cual sea su origen y cuales sean sus víctimas. No cederemos ante esa provocación. Y tampoco cederemos un ápice en manifestar nuestro apoyo a la lucha del pueblo palestino por su libertad contra la barbarie sionista

¡No pasarán!

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ijan

(texto publicado en http://judiosantisionistasargentina.blogspot.com/2019/05/sobre-publicacion-de-marcos-peckel.html)

La Red Internacional Judía Antisionista (IJAN) en Argentina y en España repudia las repetidas y gastadas falsas acusaciones de “antisemitismo” lanzadas contra el Antisionismo, contra el Movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) y contra la Embajada Palestina en Colombia en un texto de Marcos Peckel publicado en “El Espectador” (Bogotá, 9/5/19).

En dicho artículo, este señor comienza describiendo en forma bastante adecuada la historia del antisemitismo en Europa, como forma de ganarse la confianza del lector, para luego extrapolar hacia la falacia de que el Antisionismo sería “la forma moderna del antisemitismo”.

El Sionismo, como se sabe, es una ideología política que aboga por la presencia de un estado supremacista judío en Palestina. El desarrollo del proyecto se basa en la colonización, la limpieza étnica y el establecimiento de un estado de apartheid, un régimen de discriminación institucional sistemática, contra la población originaria no judía de esa región. Su proceso de implantación ha implicado la expulsión planificada de dos tercios de la población palestina originaria y la destrucción de cientos de sus aldeas en 1948, y continua hasta hoy a través de masacres, expulsiones, violaciones, demolición de barrios enteros, aldeas, bombardeo de hospitales, escuelas, mezquitas, cementerios, museos y muchas otras formas de construcción civil cuyo resultado es el expolio y la paulatina destrucción del pueblo palestino.

Dicha ideología está inspirada en el colonialismo racista europeo y se nutrió desde sus comienzos del antisemitismo, como expresado claramente por su más reconocido padre fundador, Teodoro Herzl, cuya foto se encuentra en los despachos gubernamentales del Estado de Israel. Por ejemplo, en uno de sus escritos dice: “los antisemitas serán nuestros amigos más fiables, y los países antisemitas, nuestros aliados” (The Complete Diaries of Theodor Herzl, edited by Raphael Patai, trans. Harry Zohn, New York, 1960, page 19). Sionismo y antisemitismo coincidían en el objetivo de extirpar las masas judías de las sociedades europeas de las que habían formado parte durante siglos. De hecho, el sionismo e Israel cuentan hoy entre sus principales aliados a las corrientes evangélicas fundamentalistas y a las fuerzas de ultraderecha xenófoba, racista, e incluso antisemita, en Europa y América.

Como puede verse, esta construcción ideológica no es inofensiva. De hecho, ya ha producido cientos de miles de muertos, incluyendo niñas y niños, millones de refugiados, cientos de miles de casas destruidas, un desastre humanitario y más de un millón de detenciones. Se viste de “autodeterminación nacional judía”, pero en realidad es un programa de saqueo sistemático que además utiliza miles de años de tradición y cultura judías como escudo para tapar sus crímenes a través de “acusaciones de antisemitismo” ante cualquier justa denuncia de sus prácticas genocidas.

Oponerse a este atentado contra la paz, los derechos y la integridad física de personas inocentes no sólo no es antisemitismo, sino que es un acto necesario para la construcción de la paz basada en el respeto de los derechos humanos independientemente de la religión o de la etnicidad de las personas.

No sorprende que el Estado de Israel, criatura del sionismo, se haya convertido, apadrinado por el imperialismo, en uno de los países con mayor número de violaciones de los derechos humanos establecidos por la Carta Universal de los Derechos Humanos de la ONU así como de lo dispuesto por el Derecho Internacional en las Convenciones de Ginebra, y en decenas de Resoluciones de la ONU. Dichas violaciones no son caprichos de tal o cual gobierno de turno de Israel, sino verdaderas políticas de estado diseñadas para avanzar en el plan colonialista del sionismo.

El movimiento BDS es la respuesta al llamado del pueblo palestino de 2005 a la solidaridad internacional ante la inacción de los gobiernos del mundo, que han mirado pasivamente dichas violaciones, la progresiva limpieza étnica, y la implantación en Palestina de un sistema de apartheid mucho peor que el sistema que existió en Sudáfrica de la segunda mitad del siglo XX. Así como el BDS fue fundamental para la abolición del apartheid de Sudáfrica, resultando en la liberación de Nelson Mandela después de 27 años de prisión y su elección como Presidente de la nueva Sudáfrica libre de apartheid, así se espera que el BDS palestino termine con el apartheid israelí, poniendo fin a la discriminación antipalestina y permitiendo el establecimiento de la igualdad, la justicia y la paz para todos y todas en Palestina.

Como judías y judíos antisionistas, denunciamos este nuevo intento infame de confundir al público y de deslegitimar la lucha antisionista, antirracista y antiimperialista, y de minar la justa y persistente lucha del pueblo palestino por sus derechos básicos en su tierra natal, incluyendo los derechos al Retorno, al agua y a la libertad.

Red Internacional Judía Antisionista – International Jewish Anti-Zionist Network (IJAN) en Argentina y España

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junts

Conferència a càrrec del Profesor Yakov Rabkin:

Las últimas elecciones en Israel, el quinto mandato del Likud y la popularidad creciente de los partidos de la extrema derecha encarnan la desmodernización política que también caracteriza a otros países. En este caso se conjuga con otros aspectos de la desmodernización, como el aumento de las desigualdades en el plano económico y social. El Estado de Israel se enorgullece de ser líder en innovación tecnológica pero también ejemplifica el tribalismo político. La conferencia del Profesor Yakov Rabkin se centrará en desentrañar esta aparente paradoja.

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CCOO, Via Laietana 16 SALA 42 (4º Planta), 08003 Barcelona

Dijous 23 de maig de 2019 a les 19h

La conferencia es farà en castellà

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Yakov Rabkin va néixer a Leningrad (antiga URSS). Des de 1973 és catedràtic d’Història a la Universitat de Mont-real. També ha estat convidat per impartir docència a diferents universitats d’Austràlia, EUA, França, Israel, Japó, Ucraïna i Rússia.

A part de la seva carrera acadèmica, va estudiar judaisme amb diversos rabins a Canadà, França i Israel. Ha publicat llibres i articles sobre relacions internacionals en la ciència, interaccions entre cultures polítiques i científiques i actituds jueves i islàmiques a la ciència moderna.

A finals dels anys 80’s va contribuir a la creació del primer Col·legi d’Estudis Jueus a Moscou. El seu llibre: “Una història de l’oposició jueva al sionisme”(2004), que ha estat traduït a catorze idiomes, va rebre nominacions al Premi literari del Governador General de Canadà (2006) i al Premi Hecht (Israel) per a obres sobre el sionisme (2008). També va ser nomenat millor llibre de l’any en no-ficció a Japó en 2010. També es autor de “Comprendre l’État d’Israel: idéologie, religion et société” (2014), i va publicar un treball col·lectiu fa uns mesos amb Mikhail Minakov, Demodernisation, a future in the past https://cup.columbia.edu/book/demodernization/9783838211404) amb, entre d’altres que conte un capítol escrit per Ilan Pappe sobre la desmodernització de Palestina.

sodepau

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https://judiosantisionistasargentina.blogspot.com/2018/07/declaracion-de-ijan-argentina-ante-la.html

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https://jewishvoiceforpeace.org/first-ever-40-jewish-groups-worldwide-oppose-equating-antisemitism-with-criticism-of-israel/#spanish

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EL PROYECTO COLONIAL DE ISRAEL, SU RÉGIMEN DE APARTHEID Y SUS VIOLACIONES DE LOS DDHH NO NOS REPRESENTAN,
SI NOS REPRESENTA EL RESPETO AL DERECHO INTERNACIONAL Y DE LOS PUEBLOS 

Estimado Pablo Iglesias:

Queremos por este mensaje expresarle nuestro profundo reconocimiento por sus declaraciones sobre la situación actual del pueblo palestino en Gaza y las políticas criminales de Israel contra esa población, cuyo bloqueo la convierte en la ​cárcel a ​cielo abierto para más de millón y medio de personas en flagrante violación del Derecho Internacional Humanitario.

Teniendo en cuenta que el crimen de Apartheid es definido por el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional de 2002 como « actos inhumanos de carácter similar a otros crímenes de lesa humanidad cometidos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre cualquier otro grupo o grupos raciales y realizados con la intención de mantener ese régimen » y, asimismo, el artículo 1 de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial considera discriminación racial a « …toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública ».

Consideramos que calificar las políticas del estado de Israel como prácticas de Apartheid, primero, se ajusta plenamente a la realidad y luego, que es una acción valiente y coherente en defensa de los derechos humanos y el derecho internacional.

Le agradecemos que desde su posición confronte los discursos sionistas y sus intentos de lavar la cara a las políticas coloniales del Estado de Israel argumentando que atacan para defenderse, cuando los muertos, heridos, presos, confinados, torturados, humillados  y oprimidos, son del pueblo palestino.

La Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), partícipe de esa estrategia de propaganda, intenta presentar toda crítica a Israel como expresión de antisemitismo. Intentan de ese modo amedrentar y acallar a las voces que desde  los valores universalistas y el respeto a los derechos humanos y al derecho internacional critican las acciones de Israel.

LA FCJE pretende, asimismo, arrogarse nuestra representación. Nada más lejos de la verdad. Esa institución es un portavoz del ministerio de exteriores y del aparato de propaganda de Israel para defender sus políticas nefastas e indignas. Queremos transmitirle la indignación de quienes, desde los sectores de la comunidad, consideramos los derechos como universales ante la prepotencia de la FCJE, que nuevamente subrayamos no puede representarnos.

Le agradecemos, en suma, dar voz pública a los derechos humanos y de los pueblos.
Asimismo, en coherencia con su postura, le proponemos que se sume a la campaña por el embargo de armas inmediato a Israel por sus violaciones de los derechos humanos y al derecho internacional humanitario en su última masacre de los manifestantes de Gaza por el derecho al retorno de los y las refugiadas en cumplimiento de la resolución 194/1949 de la ONU.

​Cordialmente,

Red Internacional Judía Antisionista (IJAN- International Jewish Antizionist Network)
13 junio 2018​

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